El Hotel

Créeme,

que se hizo la noche

en el espacio azul de tus ojos

y que busqué en ellos

a una prostituta de sienes arrebatadas,

a la corista rechoncha

que movía su vestido brillante

en el bar del hotel.

Y lo hice.

Tantas veces como pensé en el azul de tus ojos.

Pero se escapó la existencia

y se precipitó el sol

sobre el último ducados,

en la madera noble

del aparador de la entrada.

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