Truman

Le comentaba el otro día a un compañero bloguista que alguien que recibe el Premio Planeta no merece ningún respeto. Bueno, realmente me refería a la obra premiada y a que ser halagado con un premio hoy no es sinónimo de calidad. De hecho es posible que implique todo lo contrario, quiero decir, que implique solo que el creador es un astuto operario de la ardid del medrar en la industria para conseguir finalmente la aprobación de la misma. Y de esa aprobación, el dichoso premio. Así que lo que pasa es que uno termina acercándose tarde y con prejuicios a las obras bien tratadas por la crítica, los trileros de la industria, y que encima han sido premiadas por ella. Y así me acerco a Truman (Cesc Gay, 2015).

Truman cuenta la historia de dos amigos, Julián (Ricardo Darín) y Tomás (Javier Cámara), que se reencuentran en Madrid después años sin verse. Es una peli sencilla y sin artificios que ahonda en la complejidad del tema, la muerte, que se presenta sin dramas ni prejuicios, aunque sí con algún que otro cliché que lo hace más digerible. Y esto es lo más destacable de la peli. Porque luego trata de  sostenerse en la profundidad de los personajes, en lo que recuerdan, en lo que se respetan y sobre todo en lo que no dicen. Y ahí es donde falla. Porque si los silencios o las risas muestran cierta tensión, en el fondo a penas se ven pinceladas de la construcción de los personajes. Unos personajes con pocas aristas, de lo que sabemos muy poco y que construyen su reencuentro a través de la imagen de Truman, el perro de Julián, una imagen y una intención pero que no consigue, por ejemplo, ser aquel tótem que representó el remo en La Tentación vive arriba de Billy Wilder.

Truman es una peli correcta que penetra por desdramatizar la muerte y por el trato que se le da, pero que, pese al buen trabajo de Darín, se queda a medio camino. Quizá también por lo recurrente de los actores, algunos acostumbrados ya a interpretarse a sí mismos, o por escenas de cama, que se intuyen desde un principio, y que no aportan nada al desarrollo de la historia. Quizá por lo impostado de algunas reacciones o quizá por la poca verosimilitud que tiene un actor desahuciado viviendo en plena calle Belén de Madrid. Niños ricos jugando a trascender.

En cualquier caso, es una peli algo naíf, interesante y que invita a la reflexión. Y eso es mucho más de lo que se puede esperar de una peli a estas alturas de la historia.

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